Culture of Death Watch
Apocalypto Now: Aborto y Sacrificios Humanos
en las Américas
E. Michael Jones
Este artículo fue publicado en la edición de febrero
del 2007 de la revista Culture Wars
Apocalypto es una indicación
de cuán lejos nos hemos movido en un corto tiempo. La línea guía de Mel Gibson
podría ser El Patriota, producida en
el 2000, la cual muestra a los EEUU desde el punto de vista de sus comienzos en
el Iluminismo, como una nación de granjeros independientes, quienes, como el
personaje que Gibson representa, sólo van a la guerra reticentemente, en
defensa de su libertad, que se encuentra atacada por los brutales ingleses.
Nadie en su sano juicio creía que EEUU fuera una república bajo cualquier
acepción del término en el año 2000, pero más de uno pensó que la nostalgia
provocada por El Patriota, tenía
cierto valor moral. Smithsonian publicó un artículo de cabecera sobre la
realidad histórica del film. Fue como si los conservadores dijeran que leyendo
a Burke[1]
encontrasen en él una guía relevante para nuestra época. Supongo que era
improbable pero posible.
Apocalypto es una indicación
que “todo ha cambiado,” como el trillado cliché repetido luego de los atentados
del 9/11 o, quizás para Gibson, luego de La
Pasión de Cristo y el castigo que sufrió a manos de los judíos. Al igual
que Apocalypto, El Patriota es una película de revancha. Vos matas a los
míos, yo mato a los tuyos. La escena de Mel Gibson en El Patriota que no puede dejar de golpear al soldado inglés, da una idea que se trata de algo más que legítima
defensa. La diferencia entre Apocalypto y El Patriota es que esta última tiene mucha ideología, lo cual hace
menos repugnante el mensaje de revancha. Apocalypto es un film de
revancha sin ninguna justificación ideológica. La Pasión de Cristo fue una película profundamente católica, pero
si los otros filmes de Gibson son una guía sobre la jerarquía de valores en su
alma, el cristianismo termina lejos en un tercer o cuarto lugar en su lista de
valores. El primer valor es la familia, el segundo la revancha, el tercero la
libertad que para el patriota tipo norteamericano simplemente consiste en ser
dejado tranquilo. Luego de todo esto, el cristianismo emerge como algo que
vagamente complementa todas estas emociones. El hecho más significativo entre
la premier de El Patriota en el 2000
y la de Apocalypto en el 2006 es que las ilusiones de Gibson a cerca de
EEUU han desaparecido. Ya no existe más una nación norteamericana que pueda
sostener la mitología de Gibson, ni siquiera una que exista en su imaginación.
La Norteamérica de Gibson tiene algo en común con la iglesia católica de
Gibson, ninguna es visible. La iglesia católica real existe en algún lugar en
su mente psíquicamente vecino a la real Norteamérica, que ya no encuentra
expresión en sus películas.
Los EEUU ya no se
parecen más a la Carolina del Sur colonial, donde los granjeros autónomos se
unían para formar una republica basada en sus lecturas de la literatura clásica
romana y griega y la influencia de John Locke. Los EEUU son ahora el imperio
maya, la tierra del signo del sol, cuyo pueblo es favorecido por Dios y
destinado a gobernar el mundo. Esto es evidente en la arenga dada por el
sacerdote maya, cuyo deber es sacarles el corazón a los prisioneros de guerra
de modo que la fertilidad pueda retornar al suelo exhausto tras una agricultura
de tala y quema (slash and burn). La
retórica del sacerdote es una cruza entre el “estás con nosotros o contra
nosotros” de George W. Bush y cualquier típico articulo de Bill Kristol en el Weekly Standard[2].
El sacerdote ‘neoconservador’ maya dirige su arenga hacia gente que Gibson
presenta como el norteamericano medio, una masa fanática y drogada con el
fútbol (americano), cuyo principal evento deportivo es capturar en redes las
cabezas de los prisioneros de guerra sacrificados mientras caen por los
escalones del templo pirámide donde los sacrificios humanos se llevan a cabo.
La principal diferencia es que en la Norteamérica contemporánea los hinchas se
pintan ellos mismos de azul. En la Mesoamérica de antaño, este honor estaba
reservado para aquellos que iban a ser sacrificados. Los mesoamericanos más
primitivos eran cazadores-recolectores, como Garra de Jaguar, el héroe de Apocalypto,
cuya gente es capturada por mesoamericanos mas avanzados, quienes practicaban
una agricultura de tala y quema y luego sacrificios humanos cuando el suelo se
volvía estéril. Apocalypto trata de cómo sobrevivir en una cultura
basada en el sacrificio humano.
En EEUU el equivalente
contemporáneo al sacrificio humano de los mayas y aztecas es, por supuesto, el
aborto. Mel Gibson, católico visceral y padre de siete hijos, se opone
instintivamente al aborto, como lo hizo la mayoría de los norteamericanos hasta
que judíos como Bernard Nathanson (quien más tarde se arrepintió) comenzaron
sus campañas (ver la edición de junio 2006 de Culture Wars) para legalizar el aborto en Nueva York y California.
Otros ya han notado la conexión entre el aborto en los EEUU y los sacrificios
humanos en Mesoamérica. Ya en 1984 había encontrado yo una similitud entre los
aztecas y el partido demócrata, puesto que ambos apoyaban la sodomía y los
sacrificios humanos. En un escrito titulado “Religión y política estilo
norteamericano,” publicado en diciembre de 1984 en Fidelity, sostuve que “la
sodomía y los sacrificios humanos eran parte integral de la política pública en
América antes de la llegada del cristianismo. El diablo gobernaba América
aparentemente con puño de hierro. Es un tributo a la tenacidad del demonio el
hecho que ha retomado el control luego de 500 años al incorporar al partido
mayoritario del país mas poderoso del hemisferio.”
Lo que es notable
es que de alguna manera creía que el partido republicano estaba contra la
sodomía y los sacrificios humanos. Así me pareció en diciembre de 1984 en gran
parte porque en noviembre del mismo año había sido invitado a una conferencia
en la Casa Blanca; el tema no era directamente
el aborto sino más bien las cuestiones morales de las cuales era necesario
hablar a consecuencia del aborto. Hoy por hoy seria imposible que este autor
reciba una invitación a la Casa Blanca. Que me hayan invitado en aquel entonces
es también remarcable ya que habla más de la Casa Blanca que de mí. El
responsable fue Steve Galebach, que era realmente sincero respecto al aborto y
deseaba cambiar la situación tanto como yo. Seriamos ingenuos, pero ambos
creíamos que los republicanos en el segundo mandato de Reagan iban a hacer algo
al respecto. Como Mel Gibson en su etapa de El Patriota, creíamos que el
pueblo norteamericano tenía cierta visión moral y que el partido republicano
iba a actuar de acuerdo con esto. En ese entonces dije:
Tratemos de pensar
a uno de los padres fundadores, alguno puritano, o a algún contemporáneo de Lincoln
quien pudiera imaginarse que el partido mayoritario en este país esté siguiendo
la línea de los aztecas e incorporando la sodomía y los sacrificios humanos a
su plataforma electoral. Que ese partido fue derrotado [en las elecciones
presidenciales de 1984] es un tributo a la visión moral del pueblo
norteamericano. Que semejante plataforma llegara a ser propuesta es un signo de
cuán serios son los problemas y de la magnitud de la batalla que necesita ser
peleada.
Apoyándo mi
opinión –i.e. que el pueblo norteamericano tenia una “visión moral” respecto al
aborto y que el partido republicano iba a hacer algo al respecto- estaba Thomas
J. Ashcraft, en ese entonces asistente legislativo del senador Jesse Helms de
Carolina del Norte.
Respecto de mi
posición [sobre el aborto],
Ashcraft me dijo cuando lo entrevisté en la oficina del senador Helms, “es
esencialmente demoníaco porque se trata de un ataque directo a la raza humana.
Es un ataque directo a los seres humanos que son parte de la creación de Dios.
Se estima que ya sobrepasamos los 50 millones de abortos quirúrgicos al año en
el mundo. Todo aquel que valore la vida humana inocente por la obra redentora
de Nuestro Señor que murió por cada ser humano… no puede entender esto como
algo ajeno al demonio. Creo que es imposible entender el aborto fuera de los
términos del bien y el mal. Es tan básico y viejo como la raza humana.”
¿Cuándo, me
pregunté, fue la última vez que oí a un político u operativo republicano hablar
de esa manera? Probablemente en 1984, que resultó ser un año Orwelliano debido
el período que siguió y al lenguaje del partido republicano desde ese entonces.
¿Fuimos ingenuos? En cierto sentido sí. El tema del aborto se había acabado al
fin del segundo año de la primera administración de Reagan, cuando el
movimiento pro-vida se partió en dos. Los obispos y National Right to Life[3]
apoyaron la enmienda Hatch. Los grupos de línea más dura apoyaron la propuesta
del senador Helms[4]. Al final
ninguna de las dos fue aprobada. Luego el presidente Reagan prefirió escaparle
al problema al introducir al ahora fallecido senador Daniel Patrick Moynihan.
Aún así, si fuimos ingenuos, todavía pienso que Ashcraft creía lo que decía, al
igual que el senador Helms.
Desafortunadamente
fueron reemplazados con gente que no creía, y por muchos por el estilo. ¿Por
donde empezar? ¿Deberíamos hacerlo con
la circunstancia de que en ese
momento (invierno de 1984-85), el protegido de Irving Kristol[5],
Michael Joyce[6], asumió como
director de la fundación Bradley y los neoconservadores comenzaron su marcha
triunfal y subversiva hacia las instituciones conservadoras? Lo que siguió fue
un desfile de bandidos, mentirosos y prostitutas – todos determinados a
preservar la hegemonía del sacrificio humano en la cultura norteamericana al
igual que los demócratas, pero cuya principal distinción consistía en que eran
más hipócritas que los demócratas. Pienso en gente como Rush Limbaugh[7]
y Newt Gingrich[8], quien llegó
al poder en 1994 y al movimiento pro-vida le dijo que debía esperar porque la
disminución de los impuestos a los ricos era más importante que salvar la vida
de los nonatos.
Y luego dos años
después, Bob Dole[9] y Ralph Reed[10],
quien logró que Dole fuera el candidato republicano contra Clinton al destruir
la campaña de Pat Buchanan[11]
en Carolina del Sur. En aquel tiempo creía que Ralph Reed trabajaba para Pat
Robertson[12], quien
ciertamente era notorio por su oposición al aborto. Sucedió que también allí
fui ingenuo, me di cuenta al leer el libro de Murray Friedman La revolución neoconservadora: Intelectuales
judíos y la política exterior norteamericana (The Neoconservative
Revolution: Jewish Intellectuals and American Foreign Policy).
A diferencia de
Jerry Falwell[13], líder de
la Mayoría Moral (Moral Majority) y
quien daba la impresión de que se cortaría la lengua antes que hablar con gente
como Abraham Foxman[14],
Ralph Reed creció en Miami en lo que el describió como una “atmósfera judaica”
(todas las citas subsiguientes de Reed son tomadas del libro de Friedman). Para
los no iniciados, Ralph Reed parecía ser el protegido del tele-evangelista Pat
Robertson. Sus teologías eran iguales, es decir, políticamente idénticas con el
dispensacionalismo de Jerry Falwell, el cual consideraba a los judíos como el
pueblo elegido de Dios y al estado de Israel como divinamente concebido.
Sin embargo lo
cierto es que Ralph Reed era el protegido de Jack Abramoff, el lobista de
Washington quien terminaría en la cárcel en el 2006 por corrupción. Reed
representó para los evangélicos lo que William Buckley[15]
había representado a la generación previa de católicos. Abramoff, un judío
ortodoxo a quien Friedman describe como “un agitador conservador” de la
Universidad de Brandeis, no sólo le dio a Reed su primer trabajo en Washington
cuando lo contrató para una pasantía política en 1981, también lo invito a
vivir a su casa, donde presumiblemente comía de un juego de platos diferente:
“iba a los servicios con él y le presentó su esposa a Abramoff, la cual era de
Georgia.” Abramoff encontró a Reed “increíblemente filo-semita,” y Reed
correspondió tratando con mano dura cualquier muestra de antisemitismo por
parte de los estudiantes republicanos en la universidad. En 1983 Reed sucedió a
Abramoff como director ejecutivo del National
College Republicans[16].
Al igual que William Buckley antes que él, “Reed usó su influencia para impedir
que elementos mas extremos dentro del movimiento conservador tomaran el control
del partido republicano”. Del mismo modo que Buckley, Reed invariablemente usó
la vara judía para determinar qué elementos deberían ser considerados
“extremos”.
Cuando la Liga
Anti-Difamación judía (ADL) escupió para arriba al atacar a la derecha
cristiana, el aliado más fiel de Israel en los EEUU, fue Ralph Reed quien jugó
el papel de mediador dirigiéndose a la dirigencia de la ADL el 3 de abril de
1995. Habiendo ido a la escuela con Abramoff, Reed le dijo a la ADL que “la Christian Coalition cree que nuestra
nación no debe ser oficialmente cristiana,” y por eso estaba contra la oración
en las escuelas –una declaración que aparentemente enfureció al supuesto mentor
de Reed, Pat Robertson. Reed dijo lo mismo delante de AIPAC[17]
(Comité de Relaciones Publicas Israelí-Americano) al mes siguiente, al punto
que Elliott Abrams[18],
presente en la reunión, exclamó que los judíos “necesitan a Ralph Reed”.
Reed les mostró a
los necon cuanto lo necesitaban
cuando saboteó la segunda campaña presidencial de Pat Buchanan al darle el
soporte de la Christian Coalition al
senador Bob Dole en las elecciones internas republicanas de Carolina del Sur en
1996. La derrota de Buchanan en Carolina del Sur le quitó impulso a su campaña.
Despojado de lo que era su electorado natural por el esfuerzo de Reed, el
movimiento político de Buchanan menguó al punto tal que ni siquiera llegó a
hablar en la convención republicana de 1996 cuando Dole fue nominado candidato.
Friedman acredita a Reed con “la modernización del conservadurismo cristiano.”
De acuerdo al modo de entender la modernidad de Yuri Slezkine, esto
significaría alinear los votos evangélicos con los intereses judíos, y es así
tal como Friedman interpreta el rol de Reed en las internas de Carolina del Sur.
El populismo de
Buchanan, similar al de George Wallace[19],
su aislacionismo, y sus ataques a los neocon
por su fuerte apoyo a Israel encolerizó a los judíos; su aislacionismo también
alejó a los conservadores de centro. Discretamente, Reed movió el peso de la Christian Coalition hacia el más
moderado senador Dole en esas cruciales internas. La derrota de Buchanan allí
le dio un duro golpe a su campaña y Reed fue considerado causante de su caída.
Cuando Reed dejó
la Christian Coalition llena de
deudas para convertirse en “lobista,” volvió a sus raíces al relacionarse con
Abramoff y entrar en el negocio de las coimas a los casinos ganando dinero en
su papel de doble agente. En el
2002 Reed, que para ese entonces era un consultor político en Atlanta y
presidente del partido republicano de Georgia, se unió al rabino Yechiel
Eckstein para formar “una suerte de AIPAC cristiana.” El 2 de mayor del 2003,
la ADL publicó un aviso en el New York
Times, en el cual Reed alabó la continuidad del estado judío como una
“señal de la soberanía de Dios.”
Para ser justo con
William Buckley habría que decir que criticó a la ADL por premiar al dueño de
la revista Playboy Hugo Hefner.
Debido a su teología idiosincrática, Reed y los dispensacionalistas ni siguiera
pudieron balbucear este tipo de oposición nominal a la ADL. Finalmente Abraham
Foxman, el director de la ADL, que había denunciado a Reed y a sus seguidores
como seres execrables anunció, “estoy orgulloso de tener a Ralph Reed como
amigo y defensor de Israel.”
Aborto
Si hay un grupo
responsable del abandono del aborto como caballito de batalla de los
conservadores y republicanos, es la secta judía mesiánica de trotskistas
conocida como neoconservadores. Cuando el término finalmente surgió en el mundo
político, Max Boot[20]
escribió un editorial en el Wall Street
Journal en el cual admitió que los neoconservadores nunca habían creído que
el aborto era un tema importante, comparado, por ejemplo, con la continuidad
del estado de Israel y el apoyo financiero que los EEUU destina cada año a
Israel con dinero de los impuestos. Judíos como Irving Kristol y Norman
Podhoretz[21] y sus seguidores,
subvirtieron la palabra ‘conservador’ al causar la muerte de innumerables
personas cuando el partido republicano bajo su tutelaje abandonó el aborto como
pivote de su política y se embarcó en una serie de guerras desastrosas en medio
oriente.
Todo esto estaba
más allá del horizonte en 1984. Así es como veía la situación en aquel año:
Luego de algunos
días en Washington uno se da cuenta que haber ganado las elecciones fue
simplemente una manera de continuar la batalla. Si Reagan hubiera perdido, si
Helms hubiera perdido, sencillamente no habría batallas en temas sociales.
En el centro de la
cuestión está el mismo Reagan, y las decisiones que tomará sobre su staff para su segundo periodo. De
acuerdo a un asistente de la Casa Blanca, elegir a William Clark[22]
como jefe del staff significaría una
victoria para las fuerzas pro-vida. La elección de Michael Deaver[23]
seria un “desastre.” La elección de James Baker[24]
o Drew Lewis[25] mantendría
el status quo.
Finalmente Deaver
fue elegido por Reagan como jefe de su staff, y el desastre ocurrió, pero no de
la manera en que el anónimo asistente o yo hubiéramos predicho. Como una señal
de cuánta agua había pasado bajo el puente, dos días antes de la première de Apocalypto, James
Baker resurgió públicamente al emitir el reporte del Iraq Study Group. En este reporte Baker y un grupo de políticos
WASP de ambos partidos sostuvo que la guerra de los neocon en Irak era el más grande peligro que la república hubiera
enfrentado durante la historia de su vida pública. Una vez más, el consejero de
la familia Bush había rescatado a Dubya[26]
de las consecuencias de su propia estupidez e imprudencia. Salvo que esta vez
el problema era más serio que los viejos arrestos por manejar borracho. Esta
vez parecía que todo el imperio estuviera cayéndose a pedazos porque los
judíos, quienes estuvieron notablemente ausentes de los rangos del Iraq Study Group, habían usado a Dubya para involucrar a los EEUU en lo
que ahora se había vuelto una guerra obviamente inganable en Irak. Debido a su
accionar, Baker fue denunciado como antisemita de tal modo por Rush Limbaugh
que este último podría haber conseguido un trabajo de extra en Apocalypto como uno de los sacerdotes
mayas sedientos de sangre farfullando sobre el destino de los condenados.
Un mal presagio
sobrevuela al film Apocalypto y al país que lo fue a ver. Mientras Garra
de Jaguar y sus compañeros cautivos son llevados a través de paisajes
inhospitalarios producto de lo que la agricultura de tala y quema tiene que
crear para sobrevivir, una joven atormentada con una enfermedad fatal profetiza
el castigo para la tierra del signo del sol. Moctezuma, el líder azteca,
también percibía señales ominosas. Había escuchado que dioses blancos vendrían
a México allende el océano y destruirían su reino. Mel Gibson algo debe haber
oído sobre la profecía porque así es como Apocalypto termina.
Luego de haber
sido salvado del sacrificio en la pirámide por un eclipse de sol, Garra de
Jaguar escapa hacia la jungla y vuelve a su casa para rescatar a su esposa
embarazada. Durante la ultima hora de la película, lo vemos escapando de y
finalmente matando a todos, salvo a dos de sus perseguidores. Finalmente se
encuentran en la playa y cuando están a punto de machacarle la cabeza con sus
masas el deus ex machina aparece. El deus no es otro que Cristo, y la machina son los galeones españoles que
traen al nuevo mundo conquistadores como Hernán Cortés y monjes franciscanos
como Fray Bartolomeo de Díaz.
A esta altura, el
mensaje de Apocalypto se vuelve claro: los EEUU se han vuelto tan
corruptos, mayormente debido a la institucionalización del aborto / sacrificio
humano, que ya no pueden ser reformados desde adentro. Los días El Patriota se han terminado, el
experimento norteamericano de libertad ordenada ha fracasado porque la libertad
fue redefinida como libertinaje sexual, y el libertinaje sexual exige el aborto
/ sacrificio humano como su garantía. Las culturas mayas y aztecas eran
demasiado corruptas para ser reformadas desde adentro; tenían que ser barridas
por la espada antes que una verdadera cultura pudiera florecer en Mesoamérica
en su reemplazo, y esa cultura, Gibson parece decirnos, puede sólo florecer
bajo el signo de la cruz. Se necesita el deus
ex machina para bajarle la cortina a esta obra.
Sin embargo, es
entonces que el mensaje se vuelve menos claro. Los dos perseguidores de Garra
de Jaguar avanzan hacia los españoles, pero Garra de Jaguar se retira hacia la
jungla. Si hubiera querido un film con un final manifiestamente cristiano,
Gibson debería haber hecho que los tres indios, antiguamente enemigos
acérrimos, se reconciliasen arrodillándose delante de la cruz. Eso es lo que de
hecho ocurrió luego de la conquista de México por Cortés, en gran parte como
resultado de la aparición milagrosa de Nuestra Señora de Guadalupe. Así es como
describí dicho evento en 1984:
Cortés ofreció la
paz numerosas veces mientras sitiaba Tenochtitlan, pero al final se dio cuenta
que el dios-demonio Huitzilopochtli se había acostumbrado tanto a la sangre
humana que prefería ver a la capital azteca destruida a que perder su dominio
sobre ésta. Washington no es Tenochtitlan, pero luego de haber pasado allí un
breve período, a uno le queda la impresión que la batalla contra el sacrificio
humano en nuestros tiempos se volverá cada día más ardua.
Habiendo visto la película, no puedo
decir si Mel Gibson leyó o no mi artículo. La idea no es del todo inverosímil,
ciertamente no tan inverosímil como la idea de que sea invitado hoy en día a
otra conferencia a la Casa Blanca. Una de las personas que quedó impresionada
con el artículo en aquel entonces no fue sino quien pronto sería candidato
presidencial Pat Buchanan, quien citó mi articulo en una de sus columnas. “El
otro día,” escribió Pat en su columna publicada el 23 de enero de 1985 en el Washington Times –fecha cercana a la
marcha por el derecho a la vida en Washington “llegó a mis manos. Fidelity, una nueva revista dirigida por
católicos tradicionalistas, la mayoría de quienes son investigadores,
sacerdotes, o doctores. La editorial comparaba la civilización azteca que
Cortés descubrió y la Norteamérica de 1985.” Con Pat estábamos de acuerdo en
ese entonces que “el partido demócrata está poseído por el diablo” debido a su
apoyo a la sodomía y al sacrificio humano. Ambos pensábamos que los
republicanos creían en algo mejor. Ahora los republicanos han sido derrotados
de manera similar a los demócratas en 1984, y parece que van a arrastrar al
movimiento pro-vida con ellos como resultado de un cuarto de siglo de
hipocresía, mendacidad y duplicidad en su relación con el electorado que pensó
que iban a terminar con los sacrificios humanos en EEUU. De cualquier modo –a
través de Fidelity o de la columna de
Pat Buchanan- la asociación entre Washington y Tenochtitlan, y la relación
entre aborto y sacrificio humano se metieron en el ámbito de la discusión
pública.
Ahora parece que
Mel Gibson no concuerda conmigo. El mensaje de Apocalypto es bien claro
respecto de esto. En la cabeza de Gibson, Washington es Tenochtitlan. Yo
mantengo mi premisa original: todavía digo que Washington no es Tenochtitlan,
sino mucho peor. ¿Quiénes somos nosotros, me descubrí preguntándome a mí mismo
al fin de la película, para hablar mal de los mayas y los aztecas, quienes
pueden haber matado a miles de cautivos en la punta de sus pirámides sacándoles
sus corazones aún latientes, pero al fin y al cabo asesinaron a lo largo de un
siglo solo una fracción de los niños que nosotros asesinamos cada año? Sólo un neocon -como Max Boot, Bill Kristol o
David Frum[27]- en medio
del más extremo frenesí mesiánico podría ver a los EEUU y aún contemplar la
“ciudad sobre la colina[28]”
puritana, y pueden hacerlo sólo si insisten en ignorar obstinadamente el tema
del aborto y focalizar el fallido estado mesiánico de Israel como su modelo. Un
católico no puede contemplar a los aztecas o a los mayas y a su afición por los
sacrificios humanos y no relacionarlo inmediatamente en los EEUU de hoy. Ésta
es la razón por la cual Steven Spielberg nunca podría haber filmado esta
película.
Y aún con todo
este catolicismo visceral, Apocalypto termina con una nota de
ambivalencia, nota que debe reflejar la ambivalencia de Mel Gibson acerca de
los EEUU y la iglesia católica. Si Mel Gibson realmente hubiera querido
enfurecer a los judíos, quienes lo atacaron debido a La Pasión de Cristo, debería haber finalizado con los tres indios
arrodillados frente a la cruz, y reconciliados por el amor salvífico de Cristo.
En lugar de eso, Gibson hace que el héroe de la película se retire a la selva
junto a su esposa. Como para subrayar esta ambivalencia, Gibson hace preguntar
a la mujer de Garra de Jaguar –con los galeones españoles en el horizonte-
“¿Deberíamos ir con ellos? ”No,” responde él, “nuestro lugar está en la selva.”
Así es que luego
de comenzar con un final católico para su película, Gibson revierte al viejo
cliché norteamericano y convierte a Garra de Jaguar en la versión mesoamericana
de Huck Finn[29], quien se
vuelve a lo salvaje para evitar que la tía Sally (o la iglesia católica) “me
adopte y me sivilice, ya que no puedo
soportarlo. Yo ya he estado allí.”
Bueno, todos ya
hemos estado allí, ¿no? Mel Gibson no quiere ser “sivilizado.” Prefiere la venganza al perdón, inclusive si el fracaso
del experimento norteamericano lo ha despojado de una justificación ideológica
para su revancha. Al final, Mel Gibson es ambivalente tanto sobre los EEUU como
sobre la iglesia católica. Prefiere adorar en una iglesia que no es visible y
vivir en un país que es tan ficticio como el mostrado en El Patriota. Si hay algo que EEUU nunca fue, es ser católico. Resta
entonces ver cuál será el deus ex machina
que llegue a sus costas para salvarlo de sí mismo. ¿Heredarán los mansos -es
decir los mexicanos- la tierra? Lo harán –con tu permiso Pat- si somos
afortunados.![]()
E.
Michael Jones es el editor de Culture Wars.
[1]
Gran pensador inglés nacido en Irlanda y uno de los mejores oradores y
prosistas de su época,
crítico de la Revolución
Francesa.
[2] Bill Kristol, acérrimo ‘neocon’ es
el fundador del Weekly Standard,
revista financiada por el magnate de los medios Rupert Murdoch, y que ha
justificado y apoyado la invasión a Irak, y ahora sostiene que es necesario un
ataque a Irán.
[3] Grupo pro-vida fundado en 1973
luego de la decisión de la Corte Suprema de EEUU de legalizar el aborto en todo
el país.
[4] Se refiere los senadores Orrin
Hatch y Jesse Helms quienes propusieron diferentes métodos para contrarrestar
las leyes a favor del aborto pero terminaron dividiendo al movimiento pro-vida.
[5] Irving Kristol, padre de Bill
Kristol, es considerado como Norman Podhoretz uno de los fundadores del
movimiento neoconservador. En su juventud fue trotskista y miembro de la cuarta
internacional.
[6] Conocido por sus habilidades para
recaudar fondos para diversas organizaciones y ‘think tanks” neoconservadores,
incluyendo la Bradley, la Olin, la Goldseker, y el PNAC (Project for the New American
Century).
[7] Periodista radial defensor de la
administración de Bush y del partido republicano en general.
[8] Político republicano y principal
figura en la segunda mitad de la década del 90 cuando los republicanos
capturaron la Cámara de los Representantes luego de 40 años de dominio
demócrata.
[9] Candidato presidencial republicano
en las elecciones de 1996. Derrotado por Clinton.
[10] Político y activista por el partido
republicano. Cristiano protestante, fue director ejecutivo del grupo de lobby Christian Coalition. Implicado
últimamente en el escándalo de coimas con Jack Abramoff.
[11] Político y escritor católico,
candidato presidencial por el partido de la reforma en el 2000. También buscó
la nominación como candidato presidencial republicano en 1992 y 1996. Opuesto
al aborto, a la guerra de Irak, y a la política económica y migratoria de la
administración neoconservadora de Bush.
[12] Tele evangelista protestante
conductor del Club 700. Se candidateó para presidente en 1988 pero perdió en
las internas del partido republicano. Opuesto al aborto pero defensor de la
guerra en Irak y del estado de Israel a toda costa.
[13] Pastor tele evangelista
protestante. Opuesto al aborto, en general apoya, aunque con reservas, al
partido republicano.
[14] Director de la ADL (Liga Anti
Difamación de la B'nai B'rith.), uno de los mas antiguos y fuertes grupos de
lobby judíos en los EEUU.
[15] Escritor y periodista católico.
Fundador en 1955 de la influyente revista National
Review, que en los últimos tiempos fue copada por neoconservadores.
[16] Organización universitaria que
apoya al partido republicano en todos los EEUU.
[17] American Israel Public Affairs Commitee,
Quizás el lobby de presión sionista mas poderoso hoy por hoy en los EEUU.
[18] Abogado y político judío sionista
que ocupó cargos en política exterior en varios gobiernos, incluyendo el de
G.W. Bush.
[19] Político demócrata del sur, se
candidateó a presidente cuatro veces en la décadas del 60 y 70.
[20] Periodista y activista neoconservador
quien acusó a los “Buchananites” de usar el término ‘neoconservador’ en clave
para referirse realmente a ‘judío’.
http://www.opinionjournal.com/editorial/feature.html?id=110002840
[21] Junto con Irving Kristol es
considerado uno de los fundadores del movimiento neoconservador. En su juventud
fue miembro del movimiento socialista.
[22] Juez y político católico, estuvo en
la administración de Reagan como subsecretario de estado de 1981-1982,
consejero de seguridad 1982-1983, y secretario del interior, 1983-1985. Enemigo
político de Michael Deaver y
George Schultz.
[23] Miembro de la administración de
Reagan, convicto de perjurio y multado con 100000 dólares tuvo que renunciar en
1985.
[24] Abogado y político episcopaliano
allegado a Ronald Reagan y a G.H.W. Bush. Ocupó varios cargos durante sus
administraciones entre ellos secretario del tesoro bajo Reagan, 1985-1988, y
secretario de estado bajo Bush padre.
[25] Secretario de transporte bajo
Reagan, 1981-1983.
[26] Término coloquial para referirse a
G.W. Bush por la pronunciación sureña de la letra W.
[27] Periodista neocon de la National Review de fuerte ideología
sionista a quien se adjudica haber creado la muletilla del “eje del mal” cuando
fue brevemente el escritor de los discursos presidenciales de Bush.
[28] El concepto de “City on a Hill” se
remonta a los puritanos quienes intentaron crear un paraíso en la tierra basado
en el sermón de la montaña de Cristo y en una supuesta nueva alianza con Dios,
similar a la del pueblo judío en el AT.
[29] Personaje de la novela de Mark
Twain quien se siente más a gusto en los bosques que entre la gente, y que
siempre conjuró imágenes del individuo independiente y esperanzado que se
dirige a lo desconocido (el oeste) en busca de una nueva vida.
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