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El 15 de junio
del 2006 la convención general de la iglesia episcopaliana en los EEUU emitió
una resolución condenando a los evangelios como documentos “antijudíos”.
Debido a que la conclusión que los episcopalianos sacaron al reconocer esto,
fue la censura de las Sagradas Escrituras, especialmente su uso litúrgico, al
remover cualquier cosa que un judío pudiera considerar ofensiva, muchos
episcopalianos llegaron a la conclusión que ésta era la apostasía final en
una larga caída que había comenzado en la conferencia de Lambeth en 1930
cuando dicha iglesia aprobó el uso de anticonceptivos. Si esto es realmente así
está mas allá del objetivo de este articulo. Más allá de las conclusiones que
los episcopalianos hayan obtenido, la afirmación que los evangelios son
antijudíos es, sin lugar a dudas, verdad. La única pregunta válida es por qué
les llevó a los episcopalianos 2000 años para darse cuenta o por qué no
llegaron a lo que parece ser una conclusión mas lógica, a saber, si quieren
seguir fielmente el ejemplo de Jesucristo, también ellos deben ser
antijudíos. Los
episcopalianos no dijeron que las Sagradas Escrituras eran antisemitas. Si lo
hubieran dicho, tal aserción hubiera sido falsa. Antisemitismo es una palabra
relativamente nueva. Fue creada en 1870 por un alemán, Wilhelm Marr. Se
refiere a raza, y sostiene que los judíos son odiosos debido a ciertas características
biológicas incorregibles. Tal idea terminó en Hitler, pero la derrota de
Hitler condujo a una redefinición de la palabra. Antisemitismo tiene ahora un
significado totalmente diferente. Un antisemita solía ser alguien que no
quería a los judíos. Ahora es alguien a quien los judíos no quieren. Ningún
cristiano puede ser antisemita conscientemente, pero todo cristiano, por el
hecho de serlo, debe ser antijudío. Contemporáneamente ambos términos han
devenido prácticamente sinónimos pero sus significados son muy diferentes, y
la distinción es deliberadamente oscurecida por razones políticas. El 16 de octubre
del 2004 el presidente Bush hizo ley el acta de revisión de antisemitismo
global (Global Anti-Semitism Review Act) el cual establece un departamento
especial dentro del departamento de estado de los EEUU para monitorear el
antisemitismo global, reportando anualmente al congreso. En uno de los
mayores pasos en la implementación de esta ley, la secretaria de estado
Condoleeza Rice le tomó juramento a Gregg Rickman como jefe de la oficina de
antisemitismo global del departamento de estado el 22 de mayo del 2006.
Rickman tiene lazos con organizaciones judías y con el congreso. Fue el
director del staff del ex senador Peter Fitzgerald (republicano de Illinois)
y presidente de la coalición judía republicana. Pero su principal aptitud
para el puesto fue el rol que jugó junto al senador Alfonso D’Amato
(republicano de Nueva York) en sacarles 2 billones de dólares a los bancos
suizos durante la década del 90. “Gregg
Rickman, trabajando con el senador D’Amato, es el principal responsable de
desenmascarar la corrupción e inmoralidad de los bancos suizos,” es lo
que dijo William Daroff, vicepresidente de la sección de política pública de
Comunidades Judías Unidas (United Jewish Communities), un grupo bajo el
amparo de las federaciones judías de Norteamérica (North American Jewish
Federations), y director de la sección de Washington. “Esa tenacidad le servirá mucho en su nuevo puesto, de acuerdo a
representantes de grupos que contactan a Washington con pequeñas y
vulnerables comunidades judías en el exterior.” Rickman no va a tener que
definir aquello que constituye antisemitismo. Su oficina en el departamento
de estado ya lo hizo por él. En el “Reporte sobre antisemitismo global” el
departamento de estado de los EEUU lista el siguiente conjunto de opiniones
como antisemita: 1)
Cualquier aserción “de que la comunidad judía controla el gobierno,
los medios de comunicación, los negocios internacionales y el mundo
financiero” es antisemita. 2)
“Un fuerte sentimiento anti-israelí” es antisemita. 3)
“Una critica virulenta” hacia los lideres de Israel, pasados o
presentes, es antisemita. De acuerdo al departamento de estado, antisemitismo
ocurre cuando una esvástica es pintada en una caricatura criticando el
accionar de un líder sionista pasado o presente. Así, una caricatura que
incluye una esvástica para criticar la brutal invasión a Cisjordania en el
2002 orquestada por Ariel Sharon, utilizando misiles “hell-fire” contra
indefensos hombres, mujeres y niños palestinos, es antisemita. De igual
manera, cuando la palabra “sionazi” es usada para describir el bombardeo por
saturación de Sharon al Líbano en 1982 (matando 17500 refugiados inocentes)
es también “antisemita”. 4)
Críticas a la religión judía o sus lideres religiosos o a su
literatura (especialmente el Talmud y la Cábala) es antisemita. 5)
Críticas al gobierno y al congreso de los EEUU por estar bajo excesiva
influencia de la comunidad judía-sionista (incluyendo AIPAC, American Israel Public
Affairs Committee) es antisemita. 6)
Críticas a la comunidad judía-sionista por promover el globalismo (el
nuevo orden mundial) es antisemita. 7)
Culpar a los líderes judíos y sus seguidores por incitar a los romanos
a crucificar a Cristo es antisemita. 8)
Disminuir el número de victimas judías en el holocausto por debajo de
los 6 millones es antisemita. 9)
Decir que Israel es un estado “racista” es antisemita. 10)
Aseverar que hay una “conspiración sionista” es antisemita. 11)
Afirmar que los judíos y sus líderes crearon la revolución bolchevique
en Rusia es antisemita. 12)
Formular “dichos ofensivos sobre personas judías” es antisemita. El criterio del
Departamento de Estado tiene serias implicaciones para toda persona en el
mundo. La más seria es que convierte a muchos judíos, quienes han sostenido
muchos de los puntos arriba expresados en libros y artículos que han escrito,
en antisemitas. Pero las definiciones del Departamento de Estado también
tienen serias implicaciones históricas. Si tomamos los puntos 4 y 7 por ejemplo,
es claro que no sólo católicos sencillos sino también santos y papas fueron
culpables de antisemitismo de acuerdo a este criterio. Numerosos papas desde
Gregorio IX en 1238 han condenado el Talmud como un asalto blasfemo a la
persona de Cristo y a la fe cristiana, y han urgido a los cristianos a
confiscarlo y quemarlo. Relativo al punto 7, San Pedro, el primer papa
sostuvo en las Actas de los Apóstoles
que los judíos fueron responsables por la muerte de Cristo. Inclusive Nostra Aetate, la declaración del
Vaticano II sobre los judíos que abrió una era sentimental y ‘ecuménica’
afirmó que algunos judíos fueron responsables por la muerte de Cristo. Debido
a su promiscuo uso del término antisemitismo, Rickman y sus cohortes en el
Departamento de Estado han convertido a la enseñanza tradicional católica en
un ‘hate crime’ (crimen de odio). A
pesar de 40 años de exageración judía y chutzpah[1],
ciertos hechos se mantienen. La iglesia no es y no puede ser de ninguna
manera antisemita, porque el término se refiere principalmente a raza y odio
racial. La iglesia no puede promover odio racial hacia ningún grupo, y
ciertamente no hacia los judíos, porque su fundador fue un miembro de dicho
grupo racial. Sin embargo el evangelio de San Ju..an deja bien claro que hay una
profunda y constante animosidad cristiana contra los judíos que rechazaron a
Cristo. Esta “Judenfeindlichkeit”
usando la palabra de Brumlik, es parte esencial del catolicismo. La iglesia
es hostil a los “judíos” porque ellos se han definido a sí mismos como
negadores de Cristo. La iglesia es anti-judía, pero a diferencia de los
judíos quienes, como el rabino Soloveichik ha explicado en First Things[2],
creen que el odio es una virtud, a los cristianos se les enseña a amar a sus
enemigos. Los “judíos”, término con el cual San Juan se refiere a aquellos
judíos que rechazaron a Cristo, se volvieron entonces enemigos de los
cristianos, pero todos los judíos habían sido transformados por la llegada de
Cristo. Tenían que aceptarlo como Mesías o rechazarlo. Los judíos que lo
aceptaron como tal devinieron cristianos. Los judíos que lo rechazaron
devinieron “judíos”. ¿Y por qué los
judíos rechazaron a Cristo? Porque fue crucificado. Querían un líder
poderoso, no un siervo sufriente. Los líderes judíos, Anás y Caifás, en
representación de todos los judíos que rechazaron a Cristo, le dijeron que si
bajaba de la cruz lo aceptaban como Mesías. Porque no podían aceptar a un
Mesías que sufra y muera en lugar de restaurar el reino de la manera que
ellos querían, es decir de una manera carnal, los judíos que rechazaron a
Cristo se volvieron revolucionarios. Los judíos que rechazaron a Cristo se
convirtieron en revolucionarios al pie de la cruz, pero el sentido completo
de su decisión no se puso en evidencia sino luego de 30 años, cuando los
judíos se rebelaron contra Roma, y Roma respondió destruyendo el templo. A
partir de entonces, los judíos no tuvieron templo, ni sacerdocio, ni
sacrificio, y como resultado no tuvieron manera de cumplir con la antigua
alianza. Observando el desenlace de la batalla de Jerusalén, un rabino de
nombre Jochanan ben Zakkai logró escaparse de Jerusalén bajo un manto y luego
de ser reconocido como partidario de Roma le fue concedido el privilegio de
fundar una escuela rabínica en Javne. Así es como, 30
años después de la fundación de la iglesia, nació el judaísmo moderno, el
judaísmo tal como lo conocemos hoy en día. Los judíos no eran ya hijos de
Moisés llevando a cabo ciertos rituales para cumplir con su alianza. El
judaísmo se había vuelto esencialmente una sociedad discutidora, porque ante
la ausencia del templo, eso era todo lo que los judíos podían hacer. El
resultado de estos interminables debates fue el Talmud, que se escribió a lo
largo de los siguientes seis siglos. El debate no
ayudó a erradicar el espíritu revolucionario de los judíos. En muchos modos
lo intensificó al enseñarles a los judíos a desear un Mesías militar. Los
judíos obtuvieron su Mesías militar aproximadamente 60 años después de la
destrucción del templo, cuando Simón bar Kokhbar se levantó contra Roma en el
año 136. Todos los rabinos de Jerusalén reconocieron a bar Kokhbar como el
Mesías, y como para confirmar que el judaísmo racial había perdido todo
sentido, los judíos cristianos fueron expulsados por no reconocerlo. La expulsión de
los judíos cristianos en el tiempo de Simón bar Kokhbar ratificó que el judío
no era un concepto racial sino teológico. El factor determinante para ser
judío se había vuelto el rechazo de Cristo, y este rechazo llevó
inexorablemente a la revolución. Cuando negaron a Cristo los judíos se
volvieron revolucionarios. Durante los últimos 2000 años, la historia ha sido
una batalla entre los descendientes espirituales de esos dos grupos de
judíos: los que aceptaron a Cristo como el Mesías y los que lo rechazaron. La
historia se volvió, en cierto sentido, una lucha interna judía al pie de la
cruz. En el otoño del
2003, Mahathir Mohammed, el primer ministro de Malasia dijo que “Los judíos gobiernan el mundo por medio de
testaferros. Logran que otros luchen y mueran por ellos.” Mahathir fue
inmediatamente denunciado como antisemita y acusado de hacer “una incitación absoluta a más crímenes de
odio y terrorismo contra los judíos” a pesar de que no había dicho tal
cosa e inclusive de que muchos judíos estuvieron de acuerdo con él. Henry
Makow señaló que el discurso de Mahathir era “opuesto al terrorismo.” Otro judío de acuerdo en que Mahathir no
era un terrorista apuntó algo similar. Elias Davidson, nativo de Jerusalén,
cree que los judíos verdaderamente gobiernan el mundo a través de testaferros
y explica como: Como judío
opuesto al sionismo, no necesito que el primer ministro de Malasia Mahathir
Mohammed me diga lo que debería ser obvio al ojo de todos. A saber, que los
judíos efectivamente controlan la política exterior de los EEUU y entonces
influencian en gran grado la política de la mayoría de los países… lo mismo
vale para el postulado que los judíos controlan el mundo. Seguramente no
controlan cada acción, seguramente no significa que todo judío participa en
el ‘control.’ Pero desde un punto de vista práctico el postulado es valido. Lo que distingue
a un judío como Davidson de uno como, por ejemplo, Stanley Fish no es
justamente su etnicidad. No es ni siquiera su política. Lo que los distingue
es sus divergentes modos de crítica literaria. Davidson cree en la
objetividad de una declaración. Juzga al primer ministro de Malasia Mahathir
Mohammed por lo que realmente dijo, y entonces no encuentra nada antisemita
en sus declaraciones. “Mahathir”, continua Davidson, Nunca ha
solicitado discriminación contra los judíos, ni mucho menos matar judíos. Es
vergonzoso compararlo con Hitler. Urge a los musulmanes a combatir a los
judíos adoptando métodos modernos, tecnología, y educación, en otras palabras
quiere sobrepasar a los judíos en excelencia. ¿Que hay de malo en ello? De
este modo está ayudando a los musulmanes (más de un billón de personas) y a
la humanidad. Los judíos deberían saber cual es su lugar y contentarse con la
influencia derivada de su pequeño número. Los judíos deben aprender algo de
humildad… Los judíos, si
con esto nos referimos a la cábala que gobierna a los judíos con el nombre de
Sanedrín, Kahal, politburó, ADL (Anti-Defamation League), o cualquiera de las
otras grandes organizaciones judías, han tenido siglos de experiencia
lidiando con judíos como Makow y Davidson. El modus operandi de los lideres judíos con aquellos judíos que no
están de acuerdo con su liderazgo se remonta a los comienzos del judaísmo
moderno, es decir a los tiempos de Cristo, cuando, de acuerdo al evangelio de
San Juan, los padres del hombre nacido ciego se negaron a hablar “por miedo a los judíos, quienes ya habían
decidido expulsar de la sinagoga a todo aquel que reconociera a Jesús como el
Cristo.” Todo judío que elija el Logos
–en cualquiera de sus formas- sobre el Talmud, este ultimo representando la
ideología anticristiana confeccionada por lideres judíos para mantener a su
gente oprimida, sufrirá la ira de la judería organizada. Spinoza la sufrió en
Ámsterdam en el siglo XVII, en nuestros días Norman Finkelstein también la ha
sufrido. Debido a que suena un tanto ridículo llamar antisemitas a los judíos
que no están de acuerdo con otros judíos, el Kahal de nuestros tiempos ha
inventado un nuevo termino. Los judíos que disienten con el Kahal son
llamados “judíos que se odian a si mismos” (self-hating Jews) o judíos
autoaborrecedores y son expulsados de la sinagoga del discurso aceptable. El Kahal era el
sistema legal autónomo que los judíos establecieron en Polonia para manejar
sus propios problemas legales. El espíritu del Talmud impregnaba el Kahal. De
acuerdo a la Enciclopedia Judía, el Talmud es “la suprema autoridad en religión… para la mayoría de los judíos.”
El Talmud es una “sistemática
deformación de la Biblia” en el cual “el
orgullo racial con la idea de dominación universal es exaltado hasta niveles
demenciales… los diez mandamientos dejan de ser una obligación… en cuanto a
los Goim (no-judíos) todo esta permitido: robo, fraude, perjurio, asesinato…”
Cada vez que sus contenidos se hicieron públicos, los cristianos han
condenado el Talmud como incompatible con cualquier orden social racional.
Los judíos conversos al catolicismo desde el tiempo de Nicolás Donin[3]
en adelante, han igualmente condenado al Talmud. Numerosos papas han
condenado al Talmud porque era un asalto directo tanto hacia la divinidad de
Cristo como al orden moral legado por Moisés. De acuerdo al ex-rabino Drach,
“el Talmud expresamente prohíbe a un
judío salvar de la muerte a un no-judío o devolverle sus posesiones perdidas,
etc., o tener piedad de él.” El Talmud fue
creado para mantener a los judíos prisioneros y oprimidos por los líderes
judíos al prohibir todo contacto con el Logos,
sea esto entendido como la persona de Cristo, o la verdad, o la razón basada
en principios filosóficos y lógica. Enseñados por el Talmud a engañar, los
judíos terminaron engañándose a ellos mismos y siendo manipulados por sus
líderes. El Talmud ha
conducido a la revolución. No es necesario ser religioso para ser talmudista.
Kart Marx era ateo, pero de acuerdo a Bernard Lazare, también era “un claro y lucido talmudista,” y por
lo tanto, “lleno de ese viejo
materialismo hebreo que siempre sueña con un paraíso en la tierra y siempre
rechaza la lejana y problemática esperanza de un paraíso luego de la muerte”
(p. 99). Marx fue el arquetipo del talmudista y el arquetipo del judío
revolucionario, y como tal propuso uno de los más prominentes falsos Mesías
en la historia judía: el comunismo mundial.
Baruch Levy, allegado a Marx, propuso otro falso Mesías igualmente
potente, la Raza Judía. De acuerdo a Levy, el pueblo judío
tomado colectivamente será su propio Mesías… En esta nueva organización de la
humanidad, los hijos de Israel hoy desparramados en toda la superficie del
globo… se convertirán en la clase dominante sin ninguna oposición… Los
gobiernos de las naciones que conforman la republica mundial o universal
pasarán, sin ningún esfuerzo, a las manos judías gracias a la victoria del
proletariado… Así es como la promesa del Talmud será cumplida, cuando la era
mesiánica llegue, los judíos controlaran la riqueza de todas las naciones de
la tierra. Es entonces que
había una base en la historia judía para entender los dichos de Mahathir
Mohammed, además de amplia evidencia –la creación del estado de Israel, por
ejemplo- que la judería mundial había avanzado considerablemente hacia su
objetivo de dominio mundial en la centuria y media desde que Levy le escribió
a Karl Marx. Los judíos, sencillamente, no pudieron sacarse de encima la
noción de que eran el pueblo elegido de Dios, ni siquiera luego de dejar de
creer en Dios. Al rechazar a Cristo, se condenaron a adorar a Mesías falsos,
uno tras otro- más recientemente el comunismo y el sionismo. En el libro La
Question du Messie, los hermanos Lemann, ambos conversos del judaísmo al
catolicismo y ordenados sacerdotes, comparan a los judíos contemporáneos con
los israelitas al pie del monte Sinai: “habiéndose
cansado de esperar el retorno de Moisés… festejaron y bailaron alrededor del
becerro de oro.” El sionismo y el comunismo son dos de los últimos Mesías
ante quienes los judíos se han postrado y adorado. Habiendo rechazado al
Mesías sobrenatural que murió en la cruz, los judíos se condenaron a adorar a
una sucesión de falsos Mesías naturales y a repetir el ciclo de entusiasmo
seguido de desilusión una y otra vez a lo largo de la historia. Esas
ilusiones al mismo tiempo se cumplieron en, y se prestaron a la creación del
estado judío. El 6 de enero de 1948, el rabino jefe de Palestina anunció que
“Eventualmente [Israel] conducirá a la
inauguración de la verdadera unión de las naciones, mediante la cual se
cumplirá el eterno mensaje a la humanidad de nuestros profetas inmortales.”
En la historia del mesianismo judío, fantasías de superioridad racial se
alternan con fantasías contradictorias de hermandad universal. “El gran ideal del judaísmo,” el Jewish World declaró el 9 de febrero
de 1883 “es que… el mundo entero estará
embebido de enseñanzas judías y que en una hermandad universal de naciones
–de hecho un judaísmo agrandado- todas las razas y religiones separadas
habrán desaparecido” (p. 98). Los judíos
fueron condenados a buscar asilo en la tierra a través de falsos Mesías desde
el momento en que eligieron a Barrabas en lugar de a Cristo, un hecho que
lleva al ya mencionado ciclo de entusiasmo seguido de desilusión. Cuando los
judíos rechazaron ser los “heraldos del
reino sobrenatural,” se condenaron a la interminable tarea de imponer al
resto del mundo su visión de un paraíso natural en la tierra, “y han puesto toda su energía y tenacidad
en la lucha por la organización de la futura época mesiánica.” Cada vez
que una nación le da la espalda al Mesías Sobrenatural, como fue el caso
durante las revoluciones francesa y rusa, dicha nación “tiende a ser sujeta por el Mesías Natural” y termina siendo
gobernada por judíos. ¿Significa esto
que todo judío es una mala persona? Por supuesto que no. La dirigencia judía
controla la “sinagoga de Satán,” la
cual controla al grupo étnico en el cual el judío nace. Nadie tiene control
sobre las circunstancias de dicho nacimiento. Esta es la razón por la cual el
antisemitismo, si con este término nos referimos al odio a los judíos debido
a características raciales inmutables e irreversibles, está errado. A lo
largo de sus vidas los judíos se dan cuenta que el suyo es un grupo étnico
diferente del resto. A pesar de la propaganda de superioridad racial que el
Talmud busca inculcarles, muchos judíos comprenden que un espíritu
peculiarmente maligno se ha afincado en el corazón de su etnia. Una vez que
se dan cuenta de la magnitud del mal, los judíos tienen que tomar una
decisión. Dependiendo de la disposición del alma, que solo Dios puede juzgar,
se vuelcan al mal o lo rechazan –completamente como en el caso de San Pablo,
Nicolás Donin, Joseph Pfefferkorn[4]
y otros judíos demasiado numerosos para mencionar aquí- o parcialmente, como
en el caso de los judíos que se niegan a realizar acciones que saben son
moralmente reprensibles, como el aborto o la evicción de los palestinos de
sus tierras ancestrales. El propósito del
Talmud es prevenir defecciones de la sinagoga de Satán. Una educación basada
en el Talmud naturalmente conduce al resentimiento por parte de aquellos que
no son judíos. Los líderes de los judíos promueven ese comportamiento
sabiendo muy bien que causará reacciones porque “los pogroms en los cuales las clases bajas judías sufrieron sirvió al
objetivo de mantenerlos en absoluta dependencia de sus líderes.” Esto es
otra forma de decir que los Trotskys promueven la revolución y los
Braunsteins sufren las consecuencias. Los líderes judíos promueven audazmente
pogroms como el de Gomeler en 1905 o cuando agentes del Mossad
deliberadamente mataron a judíos iraquíes con el fin de crear pánico, porque
los pogroms generan miedo, y el miedo es la manera que el Kahal mantiene a
los judíos comunes en vereda. Alice Ollstein,
una estudiante judía de secundario en Santa Mónica, California, notó esto
cuando fue a una conferencia de AIPAC (American Israel Public Affairs
Committee) en Washington DC en el 2006. Ollstein entró como una entusiasta
sionista pero salió “sintiéndome
manipulada, trastornada y disgustada con la mayoría de lo que vi allí.[5]” Lo que vio fue
una continua propaganda con el fin de generar miedo. De hecho lo primero que
notó en la conferencia fue “la
atmósfera de miedo y urgencia cuidadosamente generada.” El hall donde las
sesiones plenarias se llevaban a cabo estaba siempre
lleno de música clásica dramática, luces rojas y grandes carteles con la
leyenda “Ahora es el momento.” Eso, combinado con los montajes de videos de
terrorismo proyectados en seis pantallas gigantes, arrastró a la audiencia
hacia un fervor del tipo “Salven a Israel” que la mayoría encontró
inspirador. Cuando terminamos la comida, la audiencia parecía impaciente para
estar de acuerdo en cualquier cosa que protegiera a Israel, inclusive la
guerra… Cada orador jugó con los miedos más profundos de la audiencia… Los
neoconservadores estaban al comando de la propaganda. En particular, John
Podhoretz, el hijo de Norman y columnista del New York Post, “tuvo la primera y la ultima palabra en casi todas
las preguntas.” Ollstein halló las comparaciones que AIPAC hacía entre el
presidente iraní Ahmadinejad y Hitler particularmente manipuladoras. Al tono de más
música clásica dramática, las seis enormes pantallas mostraron flashes
alternando entre Hitler dando discursos anti-judíos y Ahmadinejad dando
discursos anti-Israel. El famoso mantra post-holocausto “nunca mas” apareció varias veces. Todo estaba pensado para
persuadir a la audiencia que otro holocausto es evidente… a menos que
nosotros ataquemos primero. Alice Ollstein
se disgustó “por ser forzada a pensar”
que el mandatario iraní era “el mal
encarnado a través de astutos sonidos e imágenes coloridas.” Salió de la
conferencia sintiéndose manipulada por lo que Walt y Mearsheimer[6]
han caracterizado como el principal agente del lobby israelí en los EEUU.
Ella no es la única persona judía que piensa de esta manera. El sionismo ha
alcanzado un estado de tales excesos que ya están ocurriendo señales de una
reacción. La desilusión judía con el dios que falló conocido como comunismo
ha mutado en el neoconservadurismo. La reacción judía al sionismo puede verse
en la proliferación de “orgullosos judíos autoaborrecedores.” Como respuesta a
la revista danesa que publicó una serie de caricaturas anti-musulmanas en
marzo del 2006, un grupo de israelíes organizó una competencia de caricaturas
antisemitas. Gilad Atzmon, quien describió la competencia en su sitio de
internet, encuentra natural que “algunos
judíos motivados étnicamente y suficientemente talentosos para expresarse
elevarían sus voces” en protesta contra lo que fue fundamentalmente una
operación negra designada a enfurecer a los países europeos con la reacción
musulmana de manera que apoyaran un ataque nuclear a las centrales nucleares
iraníes. Atzmon sostiene que “la
conducta moralmente deteriorada del estado judío y sus lobbies de apoyo en
todo el mundo” ha generado “una
explosión de lo que tiendo a definir
como un ‘orgulloso autoaborrecimiento judío’.” Atzmon está
bromeando sólo a medias. La verdadera causa de esta parodia es la lenta
diseminación del desencanto entre los israelíes para con el sionismo. Al
mismo tiempo que Israel a través de testaferros como AIPAC gobierna el mundo,
los judíos que ellos dicen representar están sufriendo una ola de profundo
desencanto. Gilad Atzmon, el músico israelí quien se ha nominado a sí mismo
como el vocero de los judíos autoaborrecedores, cree “que son los orgullosos judíos autoaborrecedores quienes tumbarán al
sionismo israelí e inclusive al sionismo global.” Nacido en
Israel, Atzmon había sido sometido a la propaganda sionista a lo largo de
toda su vida. Luchó en el ejército, pero un día se despertó y ya no creyó
más. El mismo
programa que funcionó tan bien y aun funciona en general con mis antiguos
compatriotas falló en mi caso. No sólo había dejado de amarme a mí mismo,
también había dejado de odiar a los Goyim. Allí me di cuenta por primera vez
que realmente no había antisemitismo alrededor. De algún modo, cuando dejé de
amarme a mí mismo, también comencé a sospechar de toda la narrativa histórica
judía oficial, tanto la sionista como la bíblica. Como decirlo, no pasó mucho
tiempo antes que empezara a cuestionar el cuento del holocausto sionista
oficial. Creer en el
sionismo o en el comunismo es asunto de todo o nada. Cuando la primera duda
arraigó en la mente de Atzmon, todo el edificio estaba destinado al derrumbe.
La primera duda de Atzmon fue el dogma de que “odiar a los judíos es un acto irracional de locura o alguna tendencia
cristiana retardataria.” A diferencia de Ruth Wisse, que expresó uno de
los dogmas del judaísmo contemporáneo cuando sostuvo:”el antisemitismo no está dirigido
contra la conducta de los judíos sino contra la existencia de los judíos”, Gilad Atzmon comenzó a abrigar “la posibilidad que los sentimientos anti-judíos puedan ocurrir como
una respuesta o incluso una represalia ante actos judíos.” De hecho, continuó, “el sionismo es mantenido por el antisemitismo. Sin antisemitismo no
hay necesidad de un estado judío y sin el holocausto no hubiera incluso
existido un estado judío”. Según Atzmon,
organizaciones judías como AIPAC y el ADL “son todas especialmente aptas para generar odio contra los judíos”.
A su turno este odio produce miedo y es el miedo lo que mantiene al judío común cautivo de la Sinagoga de Satán.
Durante el curso de este soliloquio, Atzmon concluye que, en cuanto orgulloso
judío auto-aborrecedor no odia ni a los judíos ni al judaísmo, que define en
términos étnicos. Su disputa es con lo que él llama “judeidad (Jewishness)…, la tendencia a la supremacía que extrae
su fuerza de una pseudo interpretación materialista y secularizada del código
judaico. Es la “judeidad, más que el
judaísmo lo que fomenta al sionismo con celo criminal”. Lo que Atzmon
llama “judeidad, es lo que Nicolás
Donin, Joseph Pfefferkorn y los Padres Lemann hubieran denominado el Talmud,
es decir la ideología racista y
mesiánica, el motor principal que dirige a los judíos revolucionarios a
través de la historia. Muchos judíos han tenido esta experiencia. Se
despiertan un día y perciben que su grupo étnico ha sido colonizado por
alguna fuerza oscura durante centurias, El nombre de esta perversión es el
Talmud. El Talmud es la constitución de
la Sinagoga de Satán, la
intriga que ha regido por miedo 2000 años a los judíos. Atzmon
no es el único en sentir desilusión por el sionismo. Yuri Slezkine también dice que “La revolución sionista se acabó”. La
característica original de la juventud, ejercicios deportivos,
beligerancia, mentalidad individualista es asumida por una cansada elite de viejos
generales. Media centuria luego de su
fundación, Israel conserva una
lejana semejanza familiar con
la Unión Soviética, media centuria luego de la revolución de octubre. Los
últimos representantes de la primera generación sabra[7] están
todavía en el poder, pero sus días están contados (p. 367). La retórica de
la superioridad racial es desesperanzadamente anacrónica, aún disimulada por
la victimización del holocausto a manera de un biombo. La cultura del
holocausto postergó el cálculo final, pero al comienzo del siglo XXI ha
quedado claro que “la retórica de la
homogeneidad étnica y las depuraciones étnicas, tabú en otras partes de
Occidente, es una rutina elemental de la vida política israelí”. El
discernimiento está a medio camino
entre el film Munich de Steven
Spielberg, cuanto el fabricante de juguetes judío convertido en fabricante de
bombas le dice a Avner Kaufman “los
judíos no se equivocan…, porque son
nuestros enemigos quienes se equivocan.
Se supone que somos justos.” Durante
el transcurso de Munich Avner
Kauffman llega a la comprensión que ya he mencionado, la misma que convirtió
a Gilad Atzmon en un orgulloso judío autoaborrecedor. A esta altura no
es claro si el orgulloso judío autoaborrecedor puede instrumentar su
desilusión con el sionismo como un escape de la dialéctica de la historia
judía con su ciclo regular de entusiasmo seguido de desilusión, seguido de
entusiasmo por un nuevo Mesías. El objetivo implica una comprensión de lo
que Atzmon llama “Jewishness” o “judeidad”. Jewishness,
no es precisamente otra versión de etnicidad como la “irlandeidad”,
“polacidad” o “argentinidad”, sino es una ideología. Es una deformación
talmúdica del Logos que ha
producido sufrimiento, enormemente en forma de revolución, a través de los
últimos 2000 años de historia. La Iglesia
Católica siempre ha condenado el antisemitismo porque el antisemitismo, es
decir, el odio a la raza judía es erróneo en y por sí mismo. Pero más allá de
este antisemitismo existe también una
respuesta inapropiada a lo que Atzmon denomina “judeidad”. El antisemitismo es de muchas maneras una forma en
competencia con la “judeidad”.
Antisemitismo no puede referirse a “judeidad”,
porque un judío no es alguien con el ADN de Abraham en sus células. La mayor parte de los judíos ni siquiera son semitas. El judío,
definido por su “judeidad”, es una
construcción teológica. Es un negador de Cristo. El Talmud fue creado para
mantener al pueblo judío en sujeción al liderazgo que bajo manifestaciones diversas ha existido
a través de toda la historia – el Sanedrín, el Kahal, el Politburó, la ADL,
el AIPAC. Cada uno de estos grupos ha propuesto un falso Mesías como antídoto
y alternativa al verdadero Mesías, y cada uno ha llevado a través de la historia a una reacción violenta o a un
igualmente violento desengaño. En los veinte años que siguieron a 1648 se
desarrolló el ciclo completo. Los pogroms de Chmielnicki y Shabbetai Zevi
fueron reacción, Mesías, desilusión. Hay
algún indicio de que lo mismo está ocurriendo otra vez. Hace sesenta años el
imperio comunista se extendía por la faz de la tierra, y sin embargo al mismo
tiempo los judíos que habían apoyado a Stalin tan fielmente, comenzaron a
experimentar una gran desilusión con el comunismo. Lo mismo está ahora
ocurriendo con el sionismo, en el preciso momento cuando el lobby de Israel ha alcanzado el pináculo del poder mundial. En este caso
¿cuáles son las opciones del momento actual? En uno de sus pasajes más
crípticos Atzmon afirma que “la salvación es la Masada del judío
orgulloso aborrecedor”. Atzmon se
está refiriendo al suicidio masivo que siguió a la insurrección del 70 d.C
contra Roma que terminó en la destrucción del Templo. La versión de Masada
del siglo XXI podría resultar mucho
más dramática a causa de que los desesperados sionistas de hoy poseen armas
nucleares, un hecho que da urgencia a la necesidad en disuadir a los judíos
de llevarse al mundo entero con ellos
cuando pasen por uno de esos inevitables períodos de desilusión. La otra opción
es la conversión, la opción que ha existido siempre desde el comienzo. Esto
significa conversión al Logos en
todas sus formas, desde el realismo filosófico y los principios de la
ontoteología hasta la aceptación de Jesucristo como el único Mesías. Esto
también significa un rechazo igualmente firme de la todas las formas de
engaño talmúdicas, incluyendo la liberación sexual, el racismo, las políticas
mesiánicas y la deconstrucción. La
Iglesia Católica, que a través de su historia ha urgido siempre la conversión
de los judíos, ha sido hasta ahora incapaz
de proporcionar asistencia a este respecto, porque ha sido lisiada por
una interpretación de Nostra Aetate que contradice los Evangelios.
Uno de los rituales del ecumenismo posterior a Nostra Aetate, que se ha desarrollado en los últimos 40 años,
consiste en que algún dignatario de la Iglesia se ponga de pie en una reunión
ecuménica - después que los judíos
denunciaran a la Iglesia como la fuente de todo antisemitimo y la causa
inmediata del genocidio de Hitler – y proclame que los judíos no necesitan a
Cristo como su salvador. En marzo del 2001, en una reunión de comité internacional de la Catholic-Jewish Liason, en New York, el Cardenal Kasper, el
funcionarios del Vaticano a cargo de las relaciones con los judíos, trató de
calmar la disconformidad judía causada por la publicación del Dominus Iesus de la Congregación para
la Doctrina de la Fe sobre la Unicidad y la Universalidad Salvífica de
Jesucristo y la Cruz afirmando que “la
gracia de Dios, que es la gracia de Jesucristo de acuerdo a nuestra fe, es
válida para todos. Por eso la Iglesia cree que el judaísmo, es decir la fiel
respuesta del pueblo Judío a la
alianza irrevocable de Dios, es salvífica para ellos, porque Dios es
fiel a sus promesas” (énfasis agregado). Al aplacar a los judíos, Kasper no sólo contradijo a los Evangelios y
a 2000 años de enseñanza cristiana, también contradijo él al recién publicado
Dominus Iesus que proclamó Hay
solamente una economía salvífica del Dios trino y uno realizada en el
misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios, llevada a
cabo con la cooperación del Espíritu Santo y extendido en su valor salvífico
a toda la humanidad y al universo entero. “Nadie, por eso, puede entrar en
comunión con Dios excepto a través de Cristo por obra del Espíritu Santo.” Kasper también
contradijo la encíclica Redemptoris
Missio de Juan Pablo II la cual afirmó que Cristo es el
único Salvador de todo, el único capaz de revelar a Dios y de llevar a Dios.
En réplica a las autoridades religiosas judías que preguntan a los apóstoles
acerca de la curación del lisiado, Pedro dice: “Por el nombre de Jesucristo de Nazareth a quien ustedes
crucificaron, a quien Dios levantó desde la muerte, por él este hombre está
de pie sano delante de ustedes. Y no hay salvación en ningún otro, pues no
hay otro nombre bajo los cielos entre los mortales por el cual debemos ser
salvados…” La salvación sólo puede venir de Jesucristo. Al
intentar salir del agua hirviendo, Kasper sólo empeoró las cosas ensuciando aún más las aguas ya
sucias. En noviembre del 2002 disertó en el Boston College afirmando que
los judíos podían salvarse si ellos “seguían su propia conciencia y creían en
las promesas de Dios como las entendían en su tradición religiosa, ellos
están en la línea del plan de Dios,
que para nosotros llega a su plenitud histórica en Jesucristo” (énfasis
mío). Al usar la expresión “para
nosotros” Kasper supone que existían dos medios de salvación, una clara
contradicción con los Evangelios y un reciente pronunciamiento del Vaticano
como el Dominus Iesus. Kasper, de
todos modos, no estaba solo al realizar estas afirmaciones heréticas. En
agosto del 2002. la Conferencia de Obispos norteamericanos para Asuntos
Ecuménicos e Interreligiosos, bajo la dirección del Cardenal William Keeler,
junto con el Consejo Nacional de Sinagogas editó un documento titulado
“Reflexiones sobre la Alianza y la Misión” que afirmaba: “Una más intensa apreciación católica de la alianza eterna entre Dios
y el pueblo judío, junto con el reconocimiento de una misión otorgada divinamente a los judíos en testimonio al fiel amor de Dios, lleva
a la conclusión de que campañas cuyo objetivo es la conversión de los judíos
al cristianismo ya no son teológicamente aceptables en la Iglesia Católica”. Una
vez de que se volvió evidente la naturaleza herética de afirmaciones como
ésta, el Cardenal Keeler trató de controlar el daño afirmando que la
afirmación sobre la Alianza y la Misión emitida por el comité del USCCB no
constituye una toma de posición formal por parte de los obispos de USA, sino
más bien representa “el estado de reflexión entre los participantes” en el
diálogo “entre católicos y judíos”. Como una indicación que Roma consintió, el documento no fue nunca
promulgado como documento oficial de la conferencia de los Obispos de Estados
Unidos. Profunda crisis Pero el hecho de
que esto fuera de todos modos escrito, da cierto indicio de que Nostra Aetate ha llevado a una
profunda crisis en la Iglesia Católica. A fin de participar en el diálogo
ecuménico con los judíos, los
“expertos” católicos estuvieron dispuestos a realizar afirmaciones
heréticas que contradijeron la enseñanza de la Iglesia Católica. Ellos
estuvieron dispuestos a negar principios fundamentales de la teología
católica. La Iglesia estuvo de pronto en una situación donde no hubiera
podido articular una posición coherente, porque la negación del Evangelio se
había convertido en la condición sine
qua non del diálogo con los judíos. De muchas
maneras, este problema recorrió todo el camino hasta la cumbre.
Considerando la historia de las relaciones del Papa Juan Pablo II con los
judíos, uno de los más ultramontanos comentaristas americanos católicos fue
obligado a concluir que “Incluso el Papa Juan Pablo II… podría
ocasionalmente dar la impresión de que la Iglesia estaba ahora preparada para chapucear un poco en interés de
mejores relaciones” con los judíos. En la “Declaración sobre las relación de la Iglesia con el judaísmo”,
dirigida a un grupo judío en Mainz, Alemania, en 1980, “Juan Pablo II” -según el mismo
comentarista- “en
realidad comentó que la antigua
alianza con los judíos `de hecho no
había sido nunca revocada por Dios’“. La afirmación era teológicamente defendible, porque Dios
nunca revocó las alianzas con Noé y Abraham, pero dio la impresión de que
la “Alianza nueva y eterna” que
Cristo mismo estableció no se aplicó a los judíos. Los
gestos del Papa Juan Pablo II fueron peores a este respecto. Su oración ante
el Muro de los Lamentos en Jerusalén fue teatral pero ambigua. Los judíos que
oran ante el Muro de los Lamentos ruegan por la restauración del templo.
Ningún Papa podría siquiera tener la intención de hacer lo que sería un acto
absolutamente perverso, pero los artistas judíos no perdieron un minuto en
eternizar este acto y toda la ambigüedad que encarna como un medio de
justificar su llamado a una prohibición
a toda forma de “proselitismo”. No es de extrañar pues que se confunda
gente como Roy Schoeman. Schoeman es un judío convertido al catolicismo
convencido de que los últimos tiempos han llegado. En cuanto católico
Schoeman ahora espera la restauración del Templo sin entender que si esto
ocurriese sería equivalente a la abominación de la desolación referida en la
Revelación y no la segunda venida. La idea de la
conversión de los judíos en la cumbre de su poder mundial es improbable salvo
considerada desde una perspectiva teológica, pero debido a que la premisa de
nuestro razonamiento es que el judío es un concepto esencialmente teológico,
así es precisamente cómo deberíamos ver el asunto. Para comenzar, la sinagoga
de Satán debe ser considerada como la antítesis de la Iglesia. De este modo,
si los cristianos, siguiendo el ejemplo de San Pablo, pueden decir “cuando soy débil, entonces soy fuerte”,
la sinagoga de Satán tendría que decir exactamente lo opuesto, a saber “cuando soy fuerte, entonces soy débil”.
Y esta admisión corresponde sobrenaturalmente al fenómeno psicológico
del “judío orgulloso auto autoaborrecedor” que hemos estado
discutiendo. El
colapso final de la resistencia judía al Logos tendrá lugar cuando hayan alcanzado la
cima del poder mundial. No tenemos modo de conocer cómo será el futuro,
pero podemos decir con confianza que
en ningún momento de la historia de los últimos 2000 años han tenido los
judíos mayor poder que el que tienen
en el presente. El hecho de que los judíos estén ahora en completa posesión
de Jerusalén y, según algunos informes, planeando reconstruir el Templo,
otorga verosimilitud a la creencia de que el escenario está
siendo preparado para la última gran batalla sobre quien gobernará el alma
judía. El Padre Agustín Lemann, judío converso él mismo, presiente que la
futura conversión del pueblo judío es segura. Fundamenta esto en el
testimonio de muchos Padres de la Iglesia. “Hay una muy conocida tradición estimada por el fiel”, escribe San
Agustín, “que en los últimos días antes
del Juicio, el gran y admirable profeta
Elías va explicar la ley a los judíos y conducirlos a la aceptación del
verdadero Mesías Nuestro Cristo” (Denis Fahey The Kingship of Christ and the
Conversión of the Jewish Nation, p. 101). Entonces “estos israelitas carnales, continúa
Agustín, “que hoy rehusan creer en Jesucristo, creerán un día en Él…O
sea profetiza su conversión en los
siguientes términos: “Los hijos de Israel permanecerán muchos días sin rey y
sin sacrificio, y sin altar y sin ephod y sin teraphim[8].”
“¿Quién,” se preunta Denis Fahey, “no ve en estas palabras un retrato del
estado presente del pueblo judío?” (pp 101-2). Agustín
no es el único en su creencia de que los judíos se convertirán en algún momento cercano a la culminación
de la historia humana. Sto. Tomás de Aquino afirma que “como por la caída de los judíos, los gentiles que habían sido
enemigos fueron reconciliados, así después de la conversión de los judíos
cerca del fin del mundo, habrá una resurrección general por la cual los
hombres se levantarán desde la muerte para la vida inmortal.” (p. 105).
Según el Padre Agustín Lemann, el
profeta Elías volverá entonces a la tierra para traer de nuevo a los judíos
hacia el Salvador. Nuestro Señor mismo ha afirmado claramente esto (Mat.
XVII, II). Los padres son los patriarcas y todos los píos antecesores del
pueblo judío, los hijos representan
la raza degenerada del tiempo de Nuestro Señor Jesucristo y de las centurias
siguientes. De todos modos sólo algún tiempo antes de la segunda venida de
N.S.J.C, antes del terrible día de los albores del Juicio Divino, N.S.
enviará al profeta Elías a los judíos para convertirlos y salvarlos del
castigo. San
Pablo afirma que su conversión únicamente tendrá lugar al fin del tiempo, y
hasta entonces los judíos continuarán “llenando
siempre hasta el tope sus pecados: porque la ira de Dios ha caído sobre ellos
hasta el fin.” San Jerónimo
también cree que los judíos se convertirán al fin del mundo cuando “se encontrarán a sí mismos en una luz
deslumbradora, como si Nuestro Señor estuviera volviendo de Egipto hacia
ellos…” Según Suárez “la conversión
de los judíos tendrá lugar en las proximidades del último Juicio y en el
colmo de la persecución que inflingirá el Anticristo a la Iglesia”. Los judíos de acuerdo con la opinión
general continuarán expresando su hostilidad a Cristo hasta el momento de su
conversión. La conversión será dramática y en el último tiempo los cristianos
se parecerán a los judíos “a causa de
nuestros pecados, de hecho serán peores”. A este respecto Orígenes apoya
el punto de vista de Yuri Slezkine en su afirmación de que la modernidad es
judía. San Juan Crisóstomo afirma que “Dios
volverá a llamar a los judíos como un segundo tiempo” cuando los
cristianos hayan abandonado la fe. Los judíos se volverán cristianos cuando
los cristianos se hayan vuelto judíos. El
Anticristo será un judío A esta altura de
la apostasía, aparecerá el
Anticristo, y será un judío, que, de acuerdo con Suárez, encontrará “su principal apoyo entre los judíos”.
Querrá también “restaurar la ciudad de
sus antepasados y su templo del cual siempre estuvieron especialmente
orgullosos” porque si no lo
hiciera, no podría “ser aceptado como
el Mesías por los judíos que sueñan en la gloria terrena de Jerusalén e imaginan que esa ciudad se convertirá en
la capital del futuro reino mesiánico.” Si Suárez pudiera haber sido
catapultado al futuro para contemplar la situación del estado de Israel en el
2006, bien pudiera concluir que la conversión de los judíos es inminente. Si
leyera el website de Gilad Atzmon,
podría también concluir que la conversión de los judíos es inminente. La
fuerza sin precedentes de los judíos, unida a la debilidad sin precedentes de
la Iglesia, no permite sino explicaciones apocalípticas. Al culminar la
historia, el anticristo judío será fuerte, más fuerte de lo que jamás ha sido
en la historia, y la Iglesia será débil, más débil de lo que jamás ha sido en
la historia. En ese momento, el reino
mesiánico del cielo en la tierra, el reino del la máxima riqueza y poder de
los judíos (y la máxima miseria para
cualquier otro) será inminente y todo lo que la sinagoga de Satán ha
deseado por centurias parecerá estar a su alcance. En ese instante, los
judíos estarán ante una elección obligatoria y de acuerdo a la tradición
cristiana, muchos elegirán a Cristo. Por qué ellos harían entonces esto, es
bastante fácil de explicar. El Rabbí Dresner lo hace en su libro sobre las dificultades de la familia
americana que es realmente una parte de las dificultades de los judíos americanos, que en su búsqueda
de pasión, placer y poder, se han perdido a sí mismos en el reino de César.
No es motivo de risa que los descendientes de quienes escribieron los salmos
y ofrecieron oraciones por el mundo se convirtieran, de acuerdo a la opinión
general, en los de menor piedad… El
pueblo elegido achatado en la normalidad, volviéndose “como las naciones”, aquello contra lo cual los profetas habían
advertido….Muchos judíos postmodernos han descubierto una verdad
enigmática. Ninguna licencia ha
reemplazado a la Ley, ninguna sinfonía a los
Salmos, ningún candelabro a
las candelas del Sabbath; ninguna ópera al Yom Kippur, ningún country club a
la sinagoga; ningún Jaguar al niño; ninguna concubina a la esposa; ningún
banquete la cena del Exodo; ninguna enorme metrópoli a Jerusalén; ningún
deseo a la alegría de hacer un mitzvah; ningún hombre a Dios (p. 329). En el corazón
del panegírico del Rabbí Dresner por los judíos americanos, descubrimos
nosotros el mecanismo psicológico que llevará a su conversión. Cuando ellos
son fuertes, son débiles. Alan Dershowitz ha dicho algo similar sobre la
demografía judía en América en su libro The
Vanishing American Jew. Cuanta más riqueza y poder acumulan los judíos,
más débiles se vuelven, porque el
enriquecimiento ha privado a los judíos de una de sus más perdurables
ilusiones, a saber, que Tevye sería feliz “si
fuese rico”. Los nietos de Tevye son, como indica el Rabbí Dresner, mucho
más ricos de lo que Teyve hubiera
podido imaginar, pero al volverse ricos y poderosos terminaron por ser “orgullosos judíos autoaborrecedores”. El dinero es aquí,
de muchas maneras, el resultado menos importante. Como el Rabbí Dresner
indicó oscuramente, “Los judíos han
ensayado todo”. Después de haber “agotado
la modernidad”, los judíos ahora “buscan
la recuperación de lo sagrado” (p. 330). Lo que el Rabbí
Dresner no alcanzó a entender es que lo sagrado no puede ser recuperado
realizando ritos anacrónicos. Los judíos no pueden encontrar lo sagrado entre los muertos. Sólo pueden encontrarlo
entre los vivos. La Iglesia puede capitalizar este momento y salvar al mundo
de una Massada con armas nucleares, pero sólo si reafirma sus posiciones
tradicionales sobre los judíos. Esto significa “sicut Iudeis non…” lo que establece que nadie puede dañar al
judío o turbar su culto, pero que los cristianos tienen un deber igualmente
solemne de prevenir la subversión
judía de la fe y las costumbres. Esto significa que la Iglesia condenaría el antisemitismo, lo
que significa “odio a los judíos como
raza”, pero por la misma razón la Iglesia no debería permitir que los
judíos le definan el significado del término, porque en ese caso los judíos
usarán “la palabra para designar
cualquier forma de oposición a ellos” y su infernal proyecto de
subversión cultural. De acuerdo con la definición judía del término, “cualquiera que se opone a las
pretensiones judías está más o menos trastornado mentalmente.” Balance Jamás en su
historia la Iglesia ha sido antisemita.
La enseñanza católica tradicional sobre los judíos siempre ha implicado un delicado balance. “Por un lado la
Iglesia ha hablado a favor de los judíos para proteger sus personas y su culto contra ataques
injustos…Por otro lado la Iglesia ha hablado contra los judíos, cuando ellos
desearon imponer su yugo al fiel y provocar la apostasía. Se ha esforzado
siempre por proteger al fiel de la contaminación de ellos. Como demostró la
experiencia de pasadas centurias, si
los judíos lograran alcanzar altos cargos del Estado abusarían de sus poderes
en detrimento de los católicos. La Iglesia siempre se esforzó en evitar que los católicos
cayeran bajo su yugo. Se les prohibió
hacer prosélitos y no se les permitió tener cristianos como siervos o servidores” (Fahey, p. 80). En la más negra
hora de la persecución nazi, durante los años 30, el Papa Pío XI defendió a
los judíos de sus perseguidores proclamando que “el antisemitismo es inadmisible. Somos espiritualmente semitas”. Menos
conocido es el resto de lo que tuvo que decir. Después de confirmar que “es
imposible a los cristianos ser antisemitas”, el Papa Pío XI llegó a decir que “el reconocimiento de que todo el mundo
tiene el derecho de defenderse, en otras palabras de tomar las precauciones
necesarias para su protección contra todo lo que amenace sus legítimos
intereses.” Glosando
el discurso de Pío XI, Denis Fahey
simplemente reitera lo que la Iglesia ha proclamado siempre en las
declaraciones sobre los judíos conocidas como ”Sicut judeis non…” Por
un lado los soberanos Pontífices se esfuerzan en proteger a los judíos de violencia física y de asegurar el
respeto a su vida familiar y a su culto, como vida familiar y culto de
personas humanas. Por otra parte, ellos pretenden incesantemente proteger
a los cristianos de la contaminación del naturalismo judío y tratan de
evitar que los judíos logren el control de los cristianos. La existencia de
esto último debe ser fuertemente
subrayado, porque hasta cierto punto esto ha sido perdido de vista en tiempos
recientes. Los católicos necesitan
familiarizarse no sólo con las
repetidas condenas papales del Talmud, sino con las medidas tomadas
por los Soberanos Pontífices para preservar a la sociedad de las invasiones
del naturalismo judío. De otro modo estarán expuestos al riesgo de hablar del Sto. Papa Pío V y del Papa
Benedicto XIV como modelos de antisemitas… La oposición a
la ambición judía de “imponer su mando
a las otras naciones” no es antisemitismo, incluso si los judíos lo
presentan así. El cristiano debe oponerse al antisemitismo definido como odio
a los la raza judía, pero también debe oponerse al proyecto judío de
oposición al Logos. Como muchos
católicos hicieron en el pasado, la Iglesia debe oponerse al proyecto del
judío revolucionario, incluso ahora –sí, especialmente ahora– cuando los
judíos han adoptado la retórica conservadora para encubrir sus verdaderas armas. El Papa Pío X
presintió que el fin de los tiempos había llegado en 1903. Y en un sentido
tenía razón, en tiempos en que la confusión se había establecido después de
la primera guerra mundial, todos los
imperios católicos restantes de Europa se habían derrumbado, el comunismo
anticrístico judío se había asentado en el trono vacante del César cristiano.
Quizá Pío X tuvo una visión del futuro cuando en octubre de 1903 escribió que “Quienquiera que
pondere estas cosas tiene ciertamente
razón en temer que semejante perversión mental pueda pregonar los males
anunciados para el fin de los tiempos y, por así decirlo, los comienzos de
estas calamidades y que el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol
puede ya haber hecho su aparición aquí abajo. Tan grande es la furia y el
odio con que la religión es atacada en todas partes, que parece haber un
esfuerzo decidido por destruir todo vestigio de relación entre Dios y el
hombre. Por otro lado – y esto está de acuerdo con el mismo Apóstol, la
característica peculiar del Anticristo – con espantosa presunción el hombre
está intentando usurpar el lugar del Creador y tratando de encumbrarse a sí
mismo por sobre todo lo que es llamado Dios…. Está consagrando el mundo
visible a sí mismo como un templo, en el que tiene la pretensión de recibir
la adoración de sus semejantes. ‘De modo
que se siente en el templo de Dios presentándose como si fuera Dios’”
(II Tes. II, 4. (p.177). Cómo ha escrito
Juan el Evangelista, hay “muchos
Anticristos” (I Juan II, 18), y los judíos le dieron la bienvenida a todos. “A través de las centurias”, escribe el Padre Lemann, “los judíos le han dado la bienvenida a
todos los enemigos de Jesucristo y de su Iglesia y se han constituido a sí
mismos en sus auxiliares. En el gran
Sanedrín, constituido en Paris en 1807, aplicaron los títulos bíblicos,
exclusivamente reservados al Mesías, a Napoleón, a pesar de que Napoleón no
era de sangre judía. Incluso han saludado los principios de la
revolución Francesa como el Mesías:
‘El Mesías nos llegó el 28 de febrero
de 1790, con la declaración de los Derechos del Hombre’ ” (p.187). Inspirado por la
afirmación de Pío X, Monseñor Roberto
Hugo Benson escribió El Señor del
Mundo, una novela publicada en 1907, pero que se desarrolla en el siglo XXI, más o menos 100 años después, es decir en el 2007…En
esa novela un pueblo inglés debilitado enfrenta un anticristo con el nombre
icónico de Juliano Felsenburg en los llanos de Megiddo. En junio del
2006 el Papa Benedicto XVI anunció que iría a Megiddo en el 2007. Megiddo es
otro nombre de Armageddon. El aura apocalíptica de esta visita fue eclipsada
por la naturaleza apocalíptica de la época. George Bush, como el anticristo
Juliano el Apóstata fue encerrado en
una guerra inganable en Irak y está intentando extenderla hacia el este
lanzando bombas atómicas contra Irán. A juzgar por las apariencias, la
conversión de los judíos no parecía inminente. Nunca los judíos habían sido
tan poderosos; la Iglesia era débil. Pero las apariencias pueden engañar.
Benedicto XVI fue el autor del Dominus
Jesus y ha dicho, ya antes de convertirse en Papa, que estaba esperando la conversión de los
judíos. El cambio estaba en el aire. E. Michael Jones es el editor de Culture Wars. |
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Copyright
[1] Derivada de la palabra hebrea khutzpah,
que significa “insolencia”, “audacia” e “impertinencia”.
[2] Meir Y. Soloveichik , The Virtue of Hate, http://www.firstthings.com, January 2003.
[3] Judío converso al cristianismo al
principio del siglo XIII. Conocido por su papel en la Disputatio de Paris en 1240, la cual resultó en un decreto que
públicamente quemó varias copias disponibles del Talmud.
[4] Judío alemán de principios del
siglo XVI quien se opuso a textos judíos subversivos de la fe cristiana.
[6] Profesores en Harvard y Chicago
respectivamente que publicaron en marzo del 2006 el articulo “The Israel
Lobby”, http://www.lrb.co.uk/v28/n06/mear01_.html
[7] Judío nacido en Israel.
[8] Los ephods eran vestiduras
sacerdotales y los teraphims estatuas de forma humana, descriptas en varios
pasajes del Antiguo Testamento.